Capítulo IX
MI VOCACIÓN: EL AMOR
(1896)
Querida hermana, me pides que te deje un recuerdo de mis
ejercicios espirituales, ejercicios que quizás sean los últimos…
Puesto que nuestra Madre lo permite, me alegro mucho de
ponerme a conversar contigo que eres dos veces mi hermana; contigo, que me
prestaste tu voz cuando yo no podía hablar, prometiendo en mi nombre que no
quería servir más que a Jesús…
Querida madrinita, aquella niña que tú ofreciste a Jesús es la
que te habla esta noche, la que te ama como sólo una hija sabe amar a su madre…
Sólo en el cielo conocerás toda la gratitud de que rebosa mi corazón…